Un blog dedicado a la historia japonesa en todas sus épocas, de los siglos XIX y XX sobre todo. También hablo sobre libros, cine, Kamen Rider o cualquier otra cosa que me interese...

jueves, 28 de febrero de 2013

Antigüedades: El sage-ju




   El sage-ju es una especie de set de picnic en forma de caja o maleta y compuesto por varias piezas. Hoy en día todavía se utilizan para los festivales celebrados en primavera y verano donde se come al aire libre. Estas versiones modernas suelen ser de plástico o madera lacada de poca calidad, incluso de plástico lacado. Antiguamente (y algunas versiones actuales de lujo) eran piezas de una manufactura impecable (como todo lo que hacen los japoneses). La cuestión es que gracias a su sólida construcción, a la utilización de buenas maderas y al lacado, que sirve como medida de protección, tenemos hoy en día muchas piezas construidas hace uno, dos o más siglos, y que habiendo sido utilizados para comer se mantienen casi como el primer día.

   En cuanto a formas y decoración existen miles de combinaciones, suelen ser conjuntos formados por bandejas o platos a imagen de los bentōbako donde se come el bento. Sobre todo destacan las piezas realizadas con hiramaki-e, que es el lacado dorado que le da a cualquier pieza un acabado impresionante.

   Me apasionan las antigüedades y seguiré hablando más adelante sobre el tema. De momento para no ser pesado pondré unas fotos de sage-ju, piezas que se han subastado en ocasiones por miles de euros en Christie’s.









;)

domingo, 24 de febrero de 2013

La casta de los burakumin.



   Durante el periodo Tokugawa, entre el siglo XVII y el XIX, se instituyó un sistema de cinco castas donde los samuráis ocuparían el nivel más alto. A estos le seguían por orden descendente los granjeros y los campesinos, importantes porque eran los suministradores de alimentos, los siguientes en importancia eran los artesanos, necesarios también por los samuráis ya que estos en principio no podían realizar trabajos manuales. Por último estaban los comerciantes que con el tiempo terminarían siendo más ricos que los miembros de castas superiores.

   Normalmente en los libros se mencionan solo estas cuatro divisiones, cuyas fronteras invisibles  nunca podían ser franqueadas, pero existe una quinta, los burakumin.  Estos son la clase más baja de Japón y pese a que el resto de castas fueron desapareciendo con la Restauración Meiji  los burakumin siguen siendo discriminados hoy en día. Actualmente se cree que son entre dos y  tres millones. Estos individuos son iguales racialmente y lingüísticamente a cualquier japonés por lo que a simple vista no se pueden diferenciar, pese a ello, son parias en Japón.

   La discriminación de este grupo social se basa por razones de trabajo, más específicamente, en los trabajos realizados por los ancestros de hace cientos de años. Los burakumin eran los carniceros, los curtidores, los sepultureros o cualquier otra profesión considerada indigna e impura para un ser humano por los japoneses. Estos oficios eran mal vistos debido a la prohibición de matar del budismo y a la noción de "impureza" que la religión sintoísta aplicaba a estos oficios que trataban con cadáveres o sangre. Otro grupo marginal era el formado por los llamados hinin, ex-convictos, vagabundos, barrenderos o gente del mundo del entretenimiento. En ocasiones se les ha comparado con los animales y se les ha perseguido por ser considerados como “criminales, vagabundos y un peligro para la sociedad”. Esta discriminación animada por el ostracismo social y empujados a la pobreza significa además que sus niveles de alfabetización ha sido hasta hace poco más bajos que el resto de la sociedad. Según un estudio hecho por investigadores norte-americanos, en algunas bandas yakuza la concentración de burakumin llega a ser del 60% a un 70% del total.

   Hoy en día a los burakumin todavía se les considera una especie diferente por una parte de la sociedad japonesa basándose en estereotipos raciales absurdos. De ellos se dice que tienen sangre y huesos diferentes, que tienen genitales más grandes o que son animales y corren más rápido porque tienen piernas de conejo. Algunos japoneses se refieren a ellos como los cuatro dedos o las bestias de cuatro patas.

   Aunque puedan ir al colegio, llegar a la universidad y obtener títulos académicos no pueden conseguir trabajo porque los japoneses han logrado perpetuar un sistema de discriminación basado en el koseki, el registro del pasado familiar. El koseki, que se remonta cientos de años atrás, es el sistema de control social más eficiente del mundo. Por ejemplo puede ser comprobado por una empresa que ofrece un puesto de trabajo. También puede pasar, aunque sea ilegal, que las familias tradicionales comprueben el pasado de los futuros yernos o nueras para asegurarse que no tienen un origen burakumin.

    Durante el siglo pasado el gobierno sigue una continua política de integración de los burakumin. También muchos de sus antiguos pueblos y ghettos dejaron de existir a partir de los años 60, ya fuera por el crecimiento de las ciudades o su integración en el resto de la sociedad. Por suerte esta discriminación ha sido muy superada, ya que hoy en día los burakumin tienen trabajos alejados de los practicados por sus antepasados que los hacen indistinguibles dentro de la sociedad japonesa.

http://www.cabovolo.com/2008/04/burakumin-los-intocables-del-japn.html 
http://en.wikipedia.org/wiki/Burakumin 

viernes, 22 de febrero de 2013

El Utsushi-e, los inicios de la animación.




   El utsushi-e es la versión japonesa de las primeras linternas mágicas traídas desde Holanda en el siglo XVIII. Se sabe de la utilización de estos artilugios desde 1760 cuando son mencionados en el texto de un científico japonés.

  Kameya Toraku fue uno de los primeros fabricantes, vendedor y diseñador de linternas mágicas en Japón. Toraku, que comerciaba pintando quimonos, tenía una gran habilidad dibujando y pintando por lo que tras ver uno de estos espectáculos decidió adaptar sus talentos al nuevo arte. Su primera actuación se celebró en 1803, una serie de figuras pintadas sobre placas de vidrio de colores que se movían al ritmo de la voz de un narrador, esta actuación se considera de las primeras, o la primera, de lo que podríamos considerar animación japonesa.

   Todas estas obras se basaban en clásicos del teatro kabuki, del rakugo o del sekkyobushi, siendo las historias de fantasma las que alcanzaron un mayor éxito. El utsushi-e continuó en auge hasta principios del siglo XX pese al éxito del cine y la fotografía.

    Las linternas japonesas son de madera y por su forma se llaman furo, que significa bañera. Con ellas se pueden realizar los más variados efectos especiales, muchos de estos recursos son la base del cine como lo conocemos hoy en día. Dentro de estas estructuras se encendían unas velas que proyectaban su luz a través de figuras de vidrio de colores en una pantalla de papel, el mismo sistema que se utiliza actualmente en las diapositivas. Con la utilización de varias linternas diferentes personajes podían interactuar en la pantalla creando diferentes historias.



http://www.f.waseda.jp/kusahara/Utsushi-e/Welcome_to_Utsushi-e.html 

lunes, 11 de febrero de 2013

El embarazo de mi hermana, de Yoko Ogawa



   Hace tiempo que no reseño un libro, así que hoy toca El embarazo de mi hermana, de Yoko Ogawa. Sobre esta autora Kenzaburo Oé dijo: "Yoko Ogawa es capaz de dar expresión a los elementos más sutiles de la psicología humana en una prosa sutil pero penetrante". Y todo es cierto, pero una vez terminado el libro no sabía que pensar, definitivamente el libro me ha gustado aunque tendré que leer más obras de esta autora para poder hacerme una idea más definida. Es un libro fácil de leer y corto, yo me lo he leído en una tarde.


   Yoko Ogawa nace en Okayama en 1962. Estudia en la Universidad Waseda de Tokyo. En 1986 inicia una carrera de escritora, inspirada por sus lecturas de los clásicos nipones, El diario de Ana Frank y las obras de Kenzaburo Oé. Ya con su primera novela, Cuando la mariposa se descompone, obtiene en 1988 el prestigioso Premio Kaien, y desde entonces su fama no ha hecho más que crecer. En 1991, logra el gran premio Akutagawa por El embarazo de mi hermana. Actualmente vive con su familia en la antigua ciudad mercantil de Kurashiki y se dedica exclusivamente a la literatura.



En El embarazo de mi hermana la narradora nos describe, con insólito talento y bajo forma de diario, el embarazo de su hermana mayor; y lo hace de una manera aparentemente fría y analítica aunque no exenta de ironía, sin ahorrarnos ningún detalle sobre los problemas de peso, la bulimia, los antojos. Así, pasada la fase de las nauseas, la embarazada recupera su voraz apetito y se pone a engullir compulsivamente una mermelada de pomelo que le prepara su hermana, episodio clave que llevará el relato a un inesperado desenlace. Metáfora de la soledad y del sentimiento de pérdida para la mujer japonesa de hoy en día, esta parábola se empieza leyendo con fascinación y luego no sin algo de pavor.





http://www.funambulista.net/2009/el-embarazo-de-mi-hermana/