Un blog dedicado a la historia japonesa en todas sus épocas, de los siglos XIX y XX sobre todo. También hablo sobre libros, cine, Kamen Rider o cualquier otra cosa que me interese...

martes, 11 de junio de 2013

Los horrores del Escuadrón 731



   Muchos hemos oído hablar del “trabajo” que ejerció durante la Segunda Guerra Mundial el deleznable Doctor Mengele, causante de la muerte de decenas de prisioneros en los más variados experimentos. Lo que menos gente conoce, y que tampoco ha sido estudiado en profundidad, es que los japoneses también tenían su homónimo en la figura del Doctor Shiro Ishii, menos conocido pero responsable de la muerte de cientos de miles de ciudadanos chinos en algunos de los experimentos más horribles que os podáis imaginar. Su teoría se basaba en que la guerra moderna sólo podría ser ganada con el uso de la ciencia y su capacidad para producir armas de destrucción masiva. Japón no dudó en usar, en contra de lo ocurrido en el continente europeo, armas químicas contra la población civil china.

    Ishii fue un “brillante” médico que tras sus exitosas investigaciones sobre la guerra química en la Primera Guerra Mundial se ganó el reconocimiento del Ministro de la Guerra. Poco a poco fue ganado respeto hasta que en 1932 se le puso al frente del proyecto secreto sobre guerra bacteriológica japonés, el Laboratorio de Investigación del Ejército sobre Prevención Epidémica, este organismo acabó llamándose Escuadrón 731. Esta unidad ha pasado a la historia por ser ejemplo de lo más desalmado y horrible del ser humano. El escuadrón fue camuflado como un módulo de purificación de agua situado en el distrito de Pingfang, al noreste de la ciudad china de Harbin, en Manchukuo. Operó a través de la propaganda política japonesa y como un emblema ideológico, en principio buscaba sustentar en pruebas la superioridad racial de los japoneses frente al resto de pueblos asiáticos para poder Japón erguirse como líder  sin contestación de toda Asia, a imagen y semejanza de las teorías raciales nazis.


Shiro Ishii


   Pero esto solo fue una fachada para que durante casi quince años el Escuadrón 731 experimentara con seres humanos, entre los sujetos de prueba se encontraban niños, ancianos o mujeres embarazadas, también prisioneros occidentales tras comenzar la guerra en el pacífico. Los experimentos fueron de lo más variado; vivisecciones sin anestesia ya que se creía que esta podían influir en los resultados o que era innecesario porque los individuos se encontraban atados; inoculación de sueros contaminados con enfermedades y virus aparentando ser vacunas, para estudiar sus efectos; muchos sujetos se usaron como blancos humanos para probar granadas y explosivos colocados a varias distancias y en diferentes posiciones; parásitos, ropa infectada y provisiones contaminadas fueron lanzadas dentro de bombas sobre varios objetivos, pueblos enteros en ocasiones, las resultantes epidemias de cólera, carbunco y peste bubónica fueron responsables de haber matado alrededor de 400.000 chinos. La deshumanización de los sujetos fue total, una vez en el campo ya no eran humanos, eran aludidos eufemísticamente como "troncos" (maruta, 丸太), por los que las instalaciones se conocían como “el aserradero”.

    Gracias a sus “méritos” Ishii no dejó de ascender convirtiéndose Jefe la Sección de Guerra Biológica y más tarde en Jefe de la Sección Médica del Primer Ejército. En estos momentos existen ya varias unidades que se dedican a realizar esta clase de experimentos; otras unidades tácticas y administrativas fueron el Escuadrón 516 (Qiqihar), el Escuadrón 543 (Hailar), el Escuadrón 773 (Songo), el Escuadrón 100 (Changchun), el Escuadrón 1644 (Nankín), el Escuadrón 1855 (Pekín), el Escuadrón 8604 (Cantón), el Escuadrón 200 (Manchuria) y el Escuadrón 9420 (Singapur).


Sede del Escuadrón 731


   Ishii y su equipo fueron capturados por los Estados Unidos, pero salió impune de todas las atrocidades cometidas. Los estadounidenses consideraron que el resultado de sus investigaciones era tan valioso que merecía la inmunidad. No tuvo que sufrir ningún  juicio, ni fue acusado de “Crímenes contra la Humanidad”, sencillamente sus atrocidades no tuvieron ningún coste para él que murió en Estados Unidos a los 67 años sin haber pagado nunca por sus actos. También muchos de los científicos implicados en el Escuadrón 731 continuaron con sus prominentes carreras en política, educación, negocios y medicina. Algunos fueron arrestados por las fuerzas soviéticas y procesados en los juicios sobre crímenes de guerra de Jabárovsk; otros que consiguieron rendirse a los estadounidenses les fue otorgada la amnistía a cambio de acceder a la información recopilada por estos. El Tribunal de los crímenes de guerra de Tokio se había enterado solamente a través de una referencia sobre los experimentos japoneses con los “sueros infectados” en civiles chinos. Esto ocurrió en agosto de 1946 y fue denunciado por David Sutton, ayudante del fiscal chino. El consejero japonés de defensa Michael Levin argumentó que la acusación era vaga y sin corroboración por parte de nadie siendo anulada por el presidente del tribunal, William Webb, por la carencia de evidencias.

   En los últimos días de la guerra hicieron explotar los edificios del Escuadrón 731 y se ejecutaron un algo número de prisioneros para ocultar toda evidencia de sus prácticas, por lo que hoy en día apenas han quedado pruebas que puedan sustentar las acusaciones que todavía hoy hacen los supervivientes de estos experimentos. Debido a su brutalidad, las acciones del Escuadrón 731 han sido denunciadas hoy en día por las Naciones Unidas como crímenes de guerra, en cambio el gobierno japonés nunca ha pedido perdón por las atrocidades cometidas, al contrario, en muchas ocasiones incluso se han negado, esta es una de las causas de las siempre tirantes relaciones que mantiene Japón con sus vecinos de China y Corea. Las consecuencias de estos actos perduran hoy en día, testigos y supervivientes de estas atrocidades rompen su silencio en la actualidad, incluso en el año 2003, un grupo de veintinueve trabajadores tuvieron que ser hospitalizados tras hallar y dañar por casualidad unos proyectiles cargados con armas químicas hacía más de cincuenta años.
 
 

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