Un blog dedicado a la historia japonesa en todas sus épocas, de los siglos XIX y XX sobre todo. También hablo sobre libros, cine, Kamen Rider o cualquier otra cosa que me interese...

sábado, 29 de diciembre de 2012

El científico Noguchi Hideyo



   Japón no solo ha sido la cuna de la tecnología en las últimas décadas sino que como en occidente tiene una gran tradición científica, muchos buenos investigadores han nacido en tierras niponas, de hecho ya he hablado anteriormente de varios inventos e inventoresjaponeses famosos.

    En este caso voy a hablar de Hideyo Noguchi, un bacteriólogo que descubrió el patógeno de la sífilis en 1911. Noguchi nació en la tristemente famosa prefectura de Fukushima en 1876. De pequeño se cayó en un fuego y quedó marcado de por vida perdiendo movilidad en una mano y quemaduras en la mitad del cuerpo. Gracias a las generosas contribuciones de su profesor y los amigos de este, pudo recibir cirugía en su mano izquierda gravemente quemada recuperando aproximadamente el 70% de la movilidad y funcionalidad de la mano izquierda gracias a la operación. Pero aún con estas dificultades en 1896 obtuvo su titulación como médico.





   En 1900, Noguchi se trasladó a Estados Unidos, donde obtuvo un trabajo como asistente de investigación con el Dr. Simón Flexner en la Universidad de Pensilvania y más tarde ingresa en el Instituto Rockefeller de Investigación Médica, donde su incapacidad no era ningún problema. Incluso trabajó con Alexis Carrel, ganador del premio nobel en 1912, Noguchi fue nominado al nobel en 1913, 1914, 1915, 1920, 1921, 1924, 1925, 1926 y 1927, casi nada.

   En 1913, demostró la presencia de Treponema pallidum (espiroqueta sifilítica) en el cerebro de un paciente con parálisis progresiva, demostrando que la espiroqueta era la causa de la enfermedad. También viajó extensamente por Centro y Suramérica a la búsqueda de una vacuna contra la fiebre amarilla e investigar la fiebre Oroya, la poliomielitis y el tracoma. Durante su estancia en Ecuador recibió el cargo honorario de Coronel de sanidad del ejército ecuatoriano por sus servicios durante la segunda gran epidemia de fiebre amarilla en la ciudad portuaria de Guayaquil.



   En la década de los veinte viajó a África con el propósito de probar su hipótesis de que la fiebre amarilla era causada por una bacteria espiroqueta en lugar de un virus. Irónicamente mientras trabajaba en Accra, en la actual Ghana, murió de fiebre amarilla el 21 de mayo de 1928. Sus últimas palabras fueron: "No lo entiendo".  Sus premios y homenaje son extensos y su obra ha sido reconocida en todo el mundo.

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