Un blog dedicado a la historia japonesa en todas sus épocas, de los siglos XIX y XX sobre todo. También hablo sobre libros, cine, Kamen Rider o cualquier otra cosa que me interese...

miércoles, 17 de octubre de 2012

Una cuestión personal, de Kenzaburo Oé.



   Y otra novela más de mi amigo Kenzaburo Oé, otra obra maestra donde este autor, que estoy descubriendo, tarde muy a mi pesar, consiguió de nuevo otra obra redonda:


“Una cuestión personal", una de sus mejores y más crueles novelas, animada de una extraña violencia interior, cuenta la terrible odisea de Bird, un joven profesor de inglés abrumado por una cenagosa existencia cotidiana en el Japón contemporáneo. Su anhelo secreto es redimirse a través de un mítico viaje por África, donde, según cree, su vida renacerá plena de sentido. Pero tales proyectos sufren un vuelco de ciento ochenta grados: su esposa da a luz un monstruoso bebé, condenado a una muerte inminente o, en el mejor de los casos, a una vida de vegetal. Este hecho convulsiona el lánguido e indolente existir de Bird y, durante tres días y tres noches, se arrastra por un implacable recorrido hacia lo más profundo de su abismo interior. Descenso a los infiernos en el que le acompañará Himiko, una vieja compañera de estudios. Bird buscará refugio en el alcohol, en los brazos de Himiko y, principalmente, en su propia vergüenza y humillación: ¿debe aceptar la fatalidad, cargar para siempre con un hijo anormal y renunciar a sus planes de una vida mejor o, por el contrario, debe desembarazarse del bebé provocando un desenlace fatal?


   Novela de tintes autobiográficos, Una cuestión personal fue escrita tras el tremendo impacto que causó en Oé el nacimiento de su hijo Hikari con hidrocefalia. No obstante, la novela tiene por sí misma gran valor al presentar la prueba interior a que es sometido todo ser humano que debe decidir entre sus deseos y el camino señalado por los actos cometidos a lo largo de su vida.

   La narración es fluida, como en la mayoría de autores japoneses, y tan descriptiva de la acción como solo Oé sabe contar. Asistimos impunes a la caída hacia el abismo del protagonista y hábilmente Oé nos hace partícipes de esa desgracia. Es imposible no compadecer al pobre Bird e incluso ser cómplices en su tragedia. En ocasiones, durante su lectura, es imposible no ponerse en su lugar y reflexionar sobre el ¿tú qué harías?

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