Un blog dedicado a la historia japonesa en todas sus épocas, de los siglos XIX y XX sobre todo. También hablo sobre libros, cine, Kamen Rider o cualquier otra cosa que me interese...

martes, 20 de marzo de 2012

Un 20 de Marzo...



   Todo ocurrió un lunes 20 de marzo de 1995 sobre las ocho de la mañana cuando la secta de la Verdad Suprema, atentó en varias estaciones del metro de Tokio, fue en los recorridos de las líneas Chiyoda, Marunouchi y Hibiya. Estas líneas atraviesan todo el centro de la capital y conectan con el barrio en el que se concentra el poder estatal, Kasumigaseki.

   La secta de Asahara reunía a 10.000 fieles en Japón, 20.000 en Rusia y otros tantos en Nueva York, Bonn, y en Sri Lanka. Su nombre, Ôm Shinri Kyo, deriva del término hindú Om, que representa el universo, y sigue con los Kanji (ideogramas) Shin (verdad), Ri (razón, justicia), y Kyo (fe, doctrina).  Esta secta toma influencias del hinduismo y del budismo por la rama Theravada, Mahayana y Vajrayana. Nació a partir de la celebración de varios seminarios sobre Yoga que eran el pretexto para hablar sobre la espiritualidad. En 1987 el grupo de Asahara obtuvo el estatus oficial de religión de manos del gobierno japonés. A partir de entonces fue creciendo el número de fieles, en su mayoría estudiantes, que eran captados a la salida de las estaciones de metro mediante preguntas sobre la existencia.



   Cinco hombre pertenecientes a la secta, Ikuo Hayashi, Ken’ichi Hirose, Tôru Toyoda, Masato Yokoyama y Yasuo Hayashi,  se deslizaron en los vagones del metro de ataviados con mascarilla. Algo que no provocó las sospechas de los pasajeros por ser habitual en Tokio. También iban ataviados con guantes de plástico y portaban unas bolsas, en determinado momento agujerearon las bolsas y un líquido comenzó a salpicar los vagones del metro.

   Este líquido se evapora y comienza a mezclarse con el aire, el gas sarín es muy tóxico, veinte veces más venenoso que el cianuro, y comienzan los síntomas; vómitos, asfixia, ceguera. El jefe de la estación de Kasumigaseki recoge uno de los paquetes de un vagón de metro con sus manos desnudas, y cae desplomado casi al instante. El gas es imparable y penetra en su cuerpo a través de la piel y los pulmones, rompiendo las defensas del organismo y provocando una crisis nerviosa. En total, seis personas murieron en menos de 20 minutos, y otras tantas en los hospitales. Más de 5.400 personas fueron intoxicadas.

 
   En un principio la secta negó la autoría de la matanza pero se había oído al líder de la secta, Shôkô Asahara, laurear al gas sarín en varios de sus sermones. También se habían encontrado varios compuestos necesarios para la elaboración de este gas en las instalaciones que la secta poseía en Kamikuishiki. Aunque oficialmente no se había reconocido que Asahara estaba siendo investigado y que se sospechaba de él, la prensa sensacionalista sí había dado cuenta de ello, debido a la presunta implicación que éste había tenido en otros incidentes. Este atentado no fue el primero, el 1994 la policía japonesa dejó sin resolver la muerte de siete personas en la ciudad de Matsumoto, en la provincia de Nagano, tras un ataque con el mismo gas.

   Este atentado puso de manifiesto la debilidad de las grandes ciudades frente al terrorismo de masas. Los atentados tuvieron una repercusión mundial,  Nueva York y Washington aumentaron la vigilancia en sus subterráneos.

   Shoko Asahara fue acusado de 27 asesinatos y en 2004 fue condenado a la horca, hoy a sus 54 años todavía espera en la cárcel. La secta está actualmente instalada en Rusia con otro nombre mientras intentan desligarse de su pasado.


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