Un blog dedicado a la historia japonesa en todas sus épocas, de los siglos XIX y XX sobre todo. También hablo sobre libros, cine, Kamen Rider o cualquier otra cosa que me interese...

sábado, 17 de diciembre de 2011

Historia de la armas de fuego en Japón. 2


2ªparte
   Murakami utilizó 50 ashigaru armados con arcabuces de origen chino, los cuales servían como apoyo de los arqueros. En total 700 hombres del clan Takeda fueron asesinados, incluyendo a Itagaki y otros dos generales, Amari Torayasu y Hajikano Den'emon. El mismo Shingen sufrió una herida de lanza en un costado en la que sería su primera derrota[1].

   Los Tanegashima pronto sedujeron a los señores de la guerra japoneses. La novedad de los arcabuces constituyó la razón principal por la que los portugueses fueron bien tratados. El Señor Oda Nobunaga dijo que “las armas de fuego se han convertido en el último grito, pero yo intento convertir la lanza en el arma de la que dependa la suerte de la batalla”. A Nobunaga le preocupaba el largo tiempo necesario para situar un arma en condición de disparo y lo débil de la potencia del proyectil. Dado que el clima japonés era muy húmedo comparado con el clima europeo, las mechas originales que eran usadas para disparar estaban siempre mojadas y eran inservibles.



   A pesar de los problemas iniciales, los japoneses rápidamente mejoraron técnicamente las armas de fuego. Desarrollaron un dispositivo para que funcionaran las llaves de mecha bajo la lluvia, refinaron el gatillo y el muelle de la llave de mecha, desarrollaron la técnica de tiro por descargas cerradas y aumentaron el calibre de los arcabuces.

    Estos primeros arcabuces tan solo tenían un alcance de cien metros, siendo muy efectivo a 30 metros hasta casi los 50, a esta distancia era capaz de atravesar una armadura. Y el tiempo de carga se estima entre los 20-30 segundos, lo que equivale a dos o tres disparos por minuto, una cadencia de tiro muy baja. Aun así bien dirigidos y coordinados, los soldados equipados con arcabuces se convertirían en una fuerza imponente. Como pasaría en Europa siglos antes, el campo de batalla dejó de pertenecer a una élite.



    Como siempre los japoneses lo perfeccionan todo, hacia el 1600 Japón poseía uno de los arcabuces más efectivos del mundo. Pero para un samurái que resultara letal un soldado raso armado con un arcabuz resultaba indignante. Con el cierre de las fronteras en el siglo XVII los gobiernos samuráis comenzaron a restringir la producción de armas de fuego a unas pocas ciudades. Instituyéndose más tarde una licencia obligatoria para su fabricación, reduciéndose poco a poco los pedidos oficiales hasta casi parar su producción. No sería hasta el siglo XIX cuando las armas de fuego recuperarían protagonismo en el país Nipón[2].


[1] http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Uedahara
[2] Jared Diamond. Armas, Gérmenes y Acero. Debolsillo. Madrid. 2010.

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