Un blog dedicado a la historia japonesa en todas sus épocas, de los siglos XIX y XX sobre todo. También hablo sobre libros, cine, Kamen Rider o cualquier otra cosa que me interese...

miércoles, 23 de febrero de 2011

El senninbari



   Los japoneses suelen ser supersticiosos, por eso cuando un soldado Japonés era llamado a filas en época de guerra, una mujer de su familia o comunidad le entregaba dos objetos muy importantes para darle suerte. Uno de ellos era la bandera firmada, llamadas Hinomaru Yosegaki (日の丸寄せ書)y el otro era el senninbari (千人針,). Este término se suele traducir por Cinturón de las Mil Puntadas (no suelen ser mil exactas), por que normalmente se llevaban alrededor de la cintura, debajo del uniforme. No confundir con los que se llevan alrededor de la cabeza, estas se llaman Hachimaki. Otras versiones del senninbari se portaban como forro del casco o en forma de chaleco. 

  
                            Un soldado japonés se ajusta un Senninbari en la película “Cartas desde Iwo Jima”

  Todos tienen en común las mil puntadas, a veces formando frases de ánimo o patrióticas, otros portan monedas cosidas a la tela e incluso diseños de un tigre. Los diseños de tigre son los más escasos y más valiosos, porque el que porta un tigre solo pudo ser cosido por una mujer nacida en el año del tigre, portador de más fuerza y coraje para el soldado. Si el pobre soldado era soltero o huérfano las mujeres pertenecientes a la Asociación Patriótica de Mujeres (Aikoku Fujinkai) o de la Asociación Femenina de la Defensa Nacional (Kokubo Fujinkai) era las encargadas de confeccionarle uno. Esta tradición comenzó durante la guerra sino-japonesa 1894-95 y finalizó lógicamente al final de la ww2.



   Suelen ser de color blanco aunque pueden ser de color amarillo, rojo, verde o azul. Las puntadas suelen estar hechas con hilo rojo por ser este color de buena suerte, para dar protección, sobre todo contra las balas, y por ser el color del coraje. En algunos se cosían pequeños bolsillitos donde se guardaban otros amuletos o pelo de la propia mujer. Hoy en día son objetos codiciados por coleccionistas de antigüedades de esa época y pueden alcanzar precios considerables.


  
   En occidente cuesta entender como el soldado japonés afrontaba la muerte en combate, morir por el emperador, considerado un Dios, era deber de todo japonés y un verdadero honor. La cobardía derivaba en vergüenza para él y su familia durante generaciones. Esto no quiere decir que los soldados no quisieran volver a casa, de ahí la cantidad de amuletos que portaban para protegerse.

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